Un hombre pedía limosna en la calle y nadie le daba. Al día siguiente va a mendigar y nuevamente no obtiene buenos resultados. Así tres días más y ni una moneda le dejaban. decide recurrir a un antiguo recurso que había visto practicar con éxito a otras personas y al día siguiente fue a mendigar con su hijo amarrado en un trapo en la espalda y muchas personas vieron con cariño al desafortunado hombre, tuvieron compasión y le dejaron muchas propinas. CONCLUSIÓN: Le dieron por el chico!!